Mapa de dispensarios de cannabis en Chile: la RM concentra la mitad de los recintos
Un catastro de Colliers identifica 56 dispensarios a nivel nacional, de los cuales 30 se encuentran en la Región Metropolitana. El fenómeno opera bajo un modelo asociativo y con acceso restringido a pacientes que cuentan con prescripción médica, en un escenario donde Chile no dispone de un mercado minorista de cannabis regulado como el existente en otros países.


La infraestructura asociada al acceso medicinal al cannabis comienza a adquirir una mayor presencia territorial en Chile. Un catastro elaborado por la consultora Colliers contabilizó 56 dispensarios a nivel nacional, concentrados principalmente en la Región Metropolitana, que reúne 30 establecimientos, equivalentes al 54% del total del país.
Según el levantamiento, del universo nacional 20 corresponden a Dispensario Nacional y 36 a sedes de operadores independientes. En la Región Metropolitana, en tanto, se contabilizan 11 unidades vinculadas a Dispensario Nacional y otras 19 pertenecientes a operadores independientes.
La concentración territorial da cuenta de un mercado que, pese a no contar con un sistema comercial minorista de dispensarios de cannabis regulado, ha desarrollado una infraestructura destinada principalmente al acceso de pacientes mediante mecanismos asociativos.
Un modelo distinto al de otros mercados
La operación de estos recintos se encuentra condicionada por el marco legal chileno. Reinaldo Gleisner, Vicepresidente de Colliers, explica que Chile no cuenta con un mercado minorista ni con un sistema comercial regulado de dispensarios de cannabis comparable al de otros países.
“Su marco legal se rige por la Ley 20.000, la cual prohíbe el tráfico y cultivo sin autorización, pero contempla una excepción clave en su artículo 8 para el uso médico, personal y próximo en el tiempo, respaldado formalmente mediante receta médica. Ante el vacío regulatorio para la venta abierta, el acceso opera mediante un modelo asociativo privado sin fines de lucro (corporaciones o redes de cultivo colectivo). Estas organizaciones funcionan bajo un circuito cerrado y exclusivo para socios inscritos que deben presentar cédula, certificado de antecedentes y una receta médica electrónica o física vigente (que prohíbe la combustión)”.
Este esquema determina también la forma en que los usuarios acceden a los productos y cómo se organiza la distribución.
La RM concentra la infraestructura
La Región Metropolitana no solo concentra el mayor número de recintos, sino también la infraestructura física asociada a este tipo de organizaciones.
De acuerdo con Gleisner, existen oficinas de atención presencial y puntos de retiro distribuidos en comunas como Providencia, Ñuñoa, Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura, Maipú y La Florida, junto con sistemas de despacho domiciliario coordinados desde Santiago.
“Cuenta con múltiples oficinas de atención presencial y puntos de retiro en diversas comunas (como Providencia, Ñuñoa, Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura, Maipú y La Florida), además de gestionar despachos domiciliarios coordinados desde la capital”.
Fuera de Santiago, la presencia física se concentra principalmente en capitales regionales y ciudades con mayor densidad poblacional. El catastro identifica actividad en zonas como Valparaíso y Viña del Mar, Concepción, Temuco, La Serena, Antofagasta y Puerto Montt.
Distribución fuera de las grandes ciudades
La ausencia de puntos físicos en determinadas comunas no necesariamente implica que los pacientes queden fuera de estos circuitos. De acuerdo con Colliers, en zonas alejadas o extremas la distribución se realiza mediante servicios de transporte formal.
“En regiones, la presencia física se despliega principalmente en capitales regionales y zonas de alta densidad (ej. Valparaíso/Viña del Mar, Concepción, Temuco, La Serena, Antofagasta y Puerto Montt). Para los pacientes que residen en zonas extremas o comunas sin sucursales físicas, la distribución se efectúa mediante encomiendas de transporte formal, vinculadas estrictamente al RUT del socio y a la trazabilidad de su respectiva prescripción médica”, concluye Gleisner.
El catastro muestra así una infraestructura que se ha expandido territorialmente, pero que continúa funcionando bajo un modelo restringido, asociativo y vinculado al uso medicinal, lejos de un esquema de venta minorista abierto.
Para el mercado inmobiliario, el fenómeno también abre una arista de interés: la localización de estos recintos, su concentración en determinados sectores urbanos y la necesidad de espacios destinados a atención, retiro y operación logística configuran un nicho comercial que comienza a adquirir mayor visibilidad dentro de las dinámicas de ocupación de suelo y locales.
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