Chile dejó de ser un país de propietarios. Lo sabemos todos, no lo dice nadie.

Hace unas semanas estuve en el lanzamiento de la primera edición del Pulso Inmobiliario, de la comunidad Mujeres Inmobiliarias.
Entre todos los datos que se presentaron, hay uno que en el sector es un secreto a voces pero que rara vez se dice en voz alta:
En 2011, el 66% de los chilenos era dueño de su vivienda. Hoy es el 54%. El arriendo pasó de 18% a 26% a nivel nacional, y en la Región Metropolitana ya supera el 34%.
No es un bache. Es un cambio estructural de más de una década.
Mi opinión, y sé que a varios les va a incomodar: esto no es una tragedia.
Suiza tiene un 42% de propietarios. En Ginebra, el 78% de la gente arrienda. En Basilea, el 83%. En Nueva York, el 69% de los hogares es arrendatario. En ninguna de esas ciudades la gente siente que le fracasó la vida por no tener escritura.
El problema no es que los chilenos arrienden.
El problema es que arrendamos como si fuera una sala de espera.
Contratos a un año. Departamentos diseñados para venderse, no para habitarse una década. Un arrendatario tratado como cliente de paso y no como cliente de largo plazo.
Si un tercio de Santiago arrienda, el negocio inmobiliario tiene que dejar de mirar el arriendo como el plan B: contratos más largos, administración profesional, producto pensado para quedarse.
La pregunta no es cómo volvemos al 66%.
Es qué tipo de país arrendatario queremos ser.
¿Están de acuerdo, o me van a decir que estoy normalizando algo que no deberíamos aceptar?
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